Nelson Aguirre Espinosa, un ejemplo de integridad

  • Pedro Antonio Morales Segura
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Los días han pasado y con ello se ha mitigado de alguna manera el profundo dolor de la partida a la Gran Logia Celestial del Q.H. Nelson Aguirre, que nos dejó el 18 de septiembre del 2020.


En su vida profana, el Hermano Nelson abrazó las alas de su reconocida libertad, llegando al grado de Mayor (R) del Ejército de Chile. Sobre esas alas desplegadas surcó las nubes y voló con el extenso horizonte como referente de una carrera ejemplar de la cual se destaca su rol como fundador del Comando de Aviación del Ejército, así como gestor e instructor de vuelo del Club Aéreo del Ejército. Sus camaradas de armas bien supieron apreciarlo y compartir con el esa pasión que los caracterizó.
En su quehacer masónico, su inquieto espíritu lo llevó a explorar los grados capitulares, alcanzando el máximo reconocimiento con la enseña del águila bicéfala que distingue a los Maestros Masones al alcanzar el Grado 33 de acuerdo a los usos y costumbres que señala el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Tanto fue su deseo de prosperar en un ambiente de fraternidad y libertad, en la armonía de la Francmasonería que sus enseñanzas cruzaron los pilares de la Gran Logia Autónoma de Chile siendo uno de sus miembros fundadores, engalanado con los ribetes celestes del Rito de Emulación.
Su vida masónica fue, sin lugar a dudas, un ejemplo a seguir. De una integridad a toda prueba, el Q.H. Nelson Aguirre siguió de pie y al orden con su trabajo en logia, ocupando los cargos de Gran Segundo Vigilante; Gran Primer Vigilante y últimamente se desempeñaba como presidente del Gran Comité de Justicia Masónica, ya que sus cualidades personales lo hicieron la persona idónea para aquella responsabilidad.
Dentro de la masonería el Q.H. Nelson no hacía distinciones entre un rito u otro, para él la masonería es una sola como la universalidad misma y así fue como continuó trabajando en el Santo Arco Real de Jerusalén, destacándose como Compañero del Arco Real.
Tuvo bajo su responsabilidad fundar la Academia de Estudios Masónicos de Chile, siendo su primer presidente, a la cual le entregó gran parte de su tiempo, desarrollando un acucioso trabajo y presentando conferencias sobre Cábala y espiritualidad.

Su actividad intelectual no cesó y fue así como en enero de este año, su libro “Nuestra enseñanza olvidada” fue lanzado en la Gran Logia de Chile. En sus más de cuatrocientas páginas plagadas de pensamientos y reflexiones sobre su largo camino surcado en la masonería dejando un legado profundo para las futuras generaciones que busquen el reencuentro con aquellas materias que en el diario vivir, suelen quedar un tanto olvidadas.

En el prólogo y un poco a modo de advertencia al lector, señala: “es un libro revuelto porque contiene tantos aciertos como errores pensados y escritos durante muchos años de observación y de comparación con todo lo que me rodea. Es revuelto porque no hay ordenamiento ni continuidad en ninguna de las consideraciones propuestas. Habrá que ir ordenando todo, o rechazando muchas cosas y aprobando otras para encontrar el sentido de lo que quiero decir. Es un libro humilde porque no tiene pretensiones, sino que la de participar a quien quiera apreciar u oír las cosas o conceptos en las que creo”.

Esas letras definen la integridad del Hermano Nelson, un ejemplo de masón y de ser humano que en cada palabra te regalaba un poco de su humilde e infinita sabiduría, una persona que dejó una huella imborrable en quienes tuvimos la suerte de cruzar, aunque fuese una simple sonrisa con él, es así como lo llamamos, justamente Maestro de Maestros.

Pedro A. Morales Segura